GRUPOS COMERCIALES: EMPRESAS MUSICALES
Esto es un texto escrito por Sorginkale Banaketak, una
distribuidora anticomercial de Zizur Nagusia:
El avance del capitalismo es cada día más palpable, hasta el
punto de que incluso muchos de los ambientes que se autodenominan combativos en
realidad son sistema.
En los últimos años se han convertido en el escenario de
actuación de artistillas sin escrúpulos que han tenido el coraje de asumir la lucha de otrxs para
engordar su bolsillo. Se auto impulsan en la filosofía sincera de otrxs para
darse a conocer y alcanzar la fama y reproducir los mismos esquemas
capitalistas, solo que adornados con etiquetas de “alternativo” o
“revolucionario”. Y es que el verdadero problema aquí no son los Justin Bieber,
Rihanna o 40 principales, ya que todxs sabemos quiénes son y qué hacen, es
decir, no llevan ninguna “careta” y se presentan tal y como son: productos
destinados a las masas para ser comercializados, sin mensaje político alguno.
Son mucho más peligrosas esas bandas musicales que, dándoselas de
anarquistas/anticapitalistas/socialistas/etc., a la hora de gestionarse hacen
lo mismo que los citados anteriormente. Camuflados en eslóganes baratos,
convierten la ideología en marketing, sembrando confusión y contaminando la
lucha.
Las canciones se convierten en productos fabricados que se
ajustan a los gustos y a la demanda del público. En vez de ganárselo a base de
letras de amor y fiesta, en este caso se hace mediante discursos pseudo
revolucionarios de fácil calado. El objetivo es el mismo: lucrarse; la meta:
triunfar. No hay que irse muy lejos ni pensar en multinacionales para
encontrarse con estos casos. Estamos rodeadxs de empresas musicales que por
tocar una hora de repertorio se llevan miles y miles de euros cuando el
colectivo que ha organizado el evento, con muchas más horas de esfuerzo, solo
ve unos cuantos cientos de beneficio (en el mejor de los casos). Cuando la
gente, por matarse a currar, en la mayoría de casos en un mes no cobra ni la
mitad que ellos en un solo concierto. Es lo que pasa cada vez más a menudo, por
ejemplo, en los recintos de txoznas. Y ahí gran parte de la culpa la tienen los
colectivos y plataformas que contratan a estos traficantes de cultura, pues se
ha impuesto la mentalidad de que no es posible autogestionar la fiesta.
Algunas txoznas, gaztetxes, bares “del rollo” o festis
“combativos” cada vez se equiparan más a los locales de ocio convencionales y
solo se tienen en cuenta la rentabilidad, que se busca contratando a un
conglomerado de grupúsculos pertenecientes a un circuito musical bastante
cerrado. Son los que tienen las herramientas capitalistas necesarias para
llegar a las masas y el resto quedan excluidos por no ser famosos. Esta espiral
de consumo y podredumbre cultural y moral no solo afecta a los grupos, sino que
también la música pinchada se ve infectada y jóvenes apáticxs agitan sus
cuerpos al ritmo de melodías discotequeras y letras que muchas veces traspasan
los límites de lo machista.
Protejamos la cultura.
GORRIBELTZ
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