En los fatídicos siglos XIII y XIV la historia escrita por quien tuvo accesibilidad a quien tuvo la posibilidad de contarla como le paciese, nos dice que en el seno de una guerra llevada a cabo durante mas de cien años por las dos superpotencias del momento, Inglaterra y Francia, se sucedierón una serie de revoluciones. Por costumbre hemos de pensar que se cuentan como se quiere que habrían sido, o como el que las reprimió y acabo con ellas, quiso dejar clarividente que sucede al revelarte contra el poder.
Entre
ellas quisiera destacar una de mis favoritas, conocida por toda persona
interesada por la historia de esta época. El nombre que acogió fue “la
jacqerie”. Una revolución que al parecer duro no mas de dos semanas en los
alrededores de la ciudad franca de París, por parte de un grupo de la población
que siempre fue pobre, lxs campesinxs. La revuelta fue tal que desde entonces
el termino que lleva de nombre esta revuelta adquirió el significado coloquial
de campesinx rebelde. Los motivos, tan legítimos como cualquier otro, la
rebelión contra lo injusto. Atosigamiento de impuestos, pobreza, hambre, abuso
de poder, inconformidad para con el sistema político vigente...etc etc. Se
desato el odio campesino contra todo poder nobiliario y/o aristocrático, de la
manera mas brutal que pudo estar al alcance, respetando lamentablemente pero
comprensible dadas las creencias de la época, a la iglesia, aunque desato su
ira contra el poder que ejercían representantes de esta.
La rebelión avanzo interfiriendo
de manera eficaz en la política del reino, y este la reprimió a duras penas.
Las rebeldes que exigían un cambio en sus vidas, evolucionaron con la idea de
atender a un dialogo negociador donde tuviesen la oportunidad de formar parte
del poder al que detestaban y contra el que luchaban, por no perder, digo yo.
En este caso, al igual que en otras
rebeliones (tanto urbanas como burguesas como campesinas de esta época),
quien llevase el titulo de representante o líder de este alzamiento, fue
invitado por su opresor, o supuesto cómplice, a un dialogo en el que el
resultado fue un brutal asesinato y el corte posterior de la rebelión a la que
representaba mediante una fuerte represión, como sustituto de la bandeja de
exigencias ofertada.
Hoy no hay asesinatos brutales pero el concepto básico sigue
igual.
Como decía mi abuela: Moraleja, esconde la mano que viene la
vieja.
Goiakla, interpretador de una historia.
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