Me dirijo a todos los consumidores de Facebook, como uno más y digamos de paso por qué no, siendo un total ignorante del total funcionamiento de este. Soy joven, y creo que con eso basta, pues no hay atributos capaces de superar la descripción de una persona como la palabra joven. Si cabe y por no descuidar un respeto al lector que por norma considero a no violar directamente, diré a su vez que pertenezco a ese grupo de jóvenes que a duras penas se hace su sitio en una sociedad sobre todo ordinaria, donde la tecnología sin duda salió vencedora de aquella pelea en el patio del colegio contra las canicas y aquel juego en el que se dibujan números dentro de un cuadro haciendo uso del suelo y una tiza, del que no recuerdo el nombre, puede que por culpa de la televisión o las drogas.
Por propia tendencia
a pensar lo que digo, o al revés, a veces creo que es lo mismo, diré en honor a
este artículo que estoy en contra del mal uso del faceBOok, lo que en primera
instancia y diciendo lo que pienso, odio el Facebook. Siendo esto lo más
notable de la introducción, desglosare el resto a modo de relato, puede que a si
haga de algo que ya sabía, algo que ya sé.
Amanecí en ese día, con aquel sol, esa calle y esta idea,
hacerme Facebook. Como tantos otros días me sentía inundado por desarrollar un
proyecto en el que llevaba pensando un tiempo y por el que había discutido
mucho en las últimas noches de soledad con un viejo amigo, mi conciencia.
Con un amigote no tan antiguo se convirtió también en
discusión lo que empezó en un cambio de ideas, como suele pasar supongo que por
cambiar el tono y el volumen de la conversación. Tiene gracia que las grandes
discusiones sean producto de una pequeñez, pero que sería de ellas si perdiesen
el sentimiento de culpa, el malestar y el continuo volteo a las cosas que dije
o las que mejor debería haber dicho posteriores. O mejor aún de ese posterior a
lo posterior en el que en un intento por no derramar lágrimas te das cuenta que
un amigo es más, y cuan bonito es llevar
a la práctica esa reconciliación, enterrar esa furia valorando las palabras por
encima de lo humano o lo divino, o en este caso aprovechándome de la situación,
por encima de lo virtual. Dejémoslo por ejemplo en un momento, uno de tantos
que rellenan mi día y con el que disfruto de lo que lo integran, sus gestos,
miradas, olfatos, sensaciones, palabras, sonrojos, latidos, sonrisas,
suspiros.... en fin, la vida.
Volvamos a aquellas discusiones con mi viejo amigo. Y diréis,
un mundo en el que algo tenga contradicciones, nada nuevo. Y yo diré un mundo
en el que ni siquiera reparemos en esas contradicciones, que mundo. Como si
ahora no sería consciente de que estoy escribiendo este artículo en gaztelera
pudiendo hacerlo en Euskara. Y hay quien se reirá de mi al decirle que cuando
me puse por primera vez a registrarme, mi conciencia rompió una botella en mi
forma de ser y me eché momentáneamente
atrás.
Siguiendo mi día, tome un café (que buenas son las drogas),
y mientras tanto saque el portátil aprovechándome de la oportunidad que me
brinda la tecnología hoy día de poder acceder a internet mientras consumo en un
establecimiento “público”. Así que disponiéndome a realizar mi pequeño sueño de
hoy me introduje en Facebook. No sin antes hacer acopio como todos, quiero
imaginar, de mis razones para tomar esta delicada decisión para mí, o rutina
cotidiana para las cuatro personas que me rodeaban en ese instante con sus
portátiles y aparentemente eran consumidores de Facebook.
Por un lado recordaba
fragmentos de conversación que por lo general eran cosas positivas en torno a este fenómeno, “de como poder hacer de él una
herramienta efectiva para diferentes proyectos”, “la oportunidad de mantener
contacto con ciertas personas que de otra manera quien sabe...” ““información
directa de muchas cosas que de otro modo sería otro modo...”” todas ellas legítimas.
Y a su vez al otro lado del teclado me encontraba con la realidad, esa pérdida
total de un trato humano con gente a la que llamamos allegadxs, adicción
diaria pendiente a lo que me diga el
facebook... para que entrar a las paranoias de unos pocos en torno al control
social, razones todas ellas compatibles entre sí. En este momento se me ocurre
una gran pegatina, mi “perfil” follándome o esnifándome al Facebook, o las dos
a la vez, creo que tiene esa aplicación.
Para finalizar realmente no se me ocurre de qué manera hacer
de este texto, que no parezca unas cuantas líneas de despotrique desmesurado y
sin sentido contra el libro de nuestra cara, o contra nuestro libro en nuestra
propia cara. Ya sé, recurriré a algo que es tan antiguo como bonito. Quiero
hacer un llamamiento sin dar la cara, y tras hablar de mi libro, a un buen uso
del Facebook, (creo haber citado anteriormente la preferencia de mis odios en
torno al tema), establezcamos un día, no
hace falta que sea algo a tratar con el resto por medio del chat. Simplemente que
cada cual valore que día es. Un solo día de uso del Facebook. Habrá para quien es bisemanal, semanal, cada
5 días, como es algo personal cada usuarix sabrá si se miente a si mismx, y así
lo podrá discutir con su conciencia.
Asociación del juego de las canicas por un mundo mejor.
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