2013/06/03

CARALIBRO


Me dirijo a todos los consumidores de Facebook, como uno más y digamos de paso por qué no,  siendo un total ignorante del total funcionamiento de este. Soy joven, y creo que con eso basta, pues no hay atributos capaces de superar la descripción de una persona como la palabra joven. Si cabe y por no descuidar un respeto al lector que por norma considero a no violar directamente, diré a su vez que pertenezco a ese grupo de jóvenes que a duras penas se hace su sitio en una sociedad sobre todo ordinaria, donde la tecnología sin duda salió vencedora de aquella pelea en el patio del colegio contra las canicas y aquel juego en el que se dibujan números dentro de un cuadro haciendo uso del suelo y una tiza, del que no recuerdo el nombre, puede que por culpa de la televisión o las drogas.
Por  propia tendencia a pensar lo que digo, o al revés, a veces creo que es lo mismo, diré en honor a este artículo que estoy en contra del mal uso del faceBOok, lo que en primera instancia y diciendo lo que pienso, odio el Facebook. Siendo esto lo más notable de la introducción, desglosare el resto a modo de relato, puede que a si haga de algo que ya sabía, algo que ya sé.

Amanecí en ese día, con aquel sol, esa calle y esta idea, hacerme Facebook. Como tantos otros días me sentía inundado por desarrollar un proyecto en el que llevaba pensando un tiempo y por el que había discutido mucho en las últimas noches de soledad con un viejo amigo, mi conciencia.

Con un amigote no tan antiguo se convirtió también en discusión lo que empezó en un cambio de ideas, como suele pasar supongo que por cambiar el tono y el volumen de la conversación. Tiene gracia que las grandes discusiones sean producto de una pequeñez, pero que sería de ellas si perdiesen el sentimiento de culpa, el malestar y el continuo volteo a las cosas que dije o las que mejor debería haber dicho posteriores. O mejor aún de ese posterior a lo posterior en el que en un intento por no derramar lágrimas te das cuenta que un amigo es más,  y cuan bonito es llevar a la práctica esa reconciliación, enterrar esa furia valorando las palabras por encima de lo humano o lo divino, o en este caso aprovechándome de la situación, por encima de lo virtual. Dejémoslo por ejemplo en un momento, uno de tantos que rellenan mi día y con el que disfruto de lo que lo integran, sus gestos, miradas, olfatos, sensaciones, palabras, sonrojos, latidos, sonrisas, suspiros.... en fin, la vida.

Volvamos a aquellas discusiones con mi viejo amigo. Y diréis, un mundo en el que algo tenga contradicciones, nada nuevo. Y yo diré un mundo en el que ni siquiera reparemos en esas contradicciones, que mundo. Como si ahora no sería consciente de que estoy escribiendo este artículo en gaztelera pudiendo hacerlo en Euskara. Y hay quien se reirá de mi al decirle que cuando me puse por primera vez a registrarme, mi conciencia rompió una botella en mi forma de ser y me eché  momentáneamente atrás.

Siguiendo mi día, tome un café (que buenas son las drogas), y mientras tanto saque el portátil aprovechándome de la oportunidad que me brinda la tecnología hoy día de poder acceder a internet mientras consumo en un establecimiento “público”. Así que disponiéndome a realizar mi pequeño sueño de hoy me introduje en Facebook. No sin antes hacer acopio como todos, quiero imaginar, de mis razones para tomar esta delicada decisión para mí, o rutina cotidiana para las cuatro personas que me rodeaban en ese instante con sus portátiles y aparentemente eran consumidores de Facebook.
Por un lado recordaba fragmentos de conversación que por lo general eran cosas positivas en torno a este fenómeno, “de como poder hacer de él una herramienta efectiva para diferentes proyectos”, “la oportunidad de mantener contacto con ciertas personas que de otra manera quien sabe...” ““información directa de muchas cosas que de otro modo sería otro modo...”” todas ellas legítimas. Y a su vez al otro lado del teclado me encontraba con la realidad, esa pérdida total de un trato humano con gente a la que llamamos allegadxs, adicción diaria  pendiente a lo que me diga el facebook... para que entrar a las paranoias de unos pocos en torno al control social, razones todas ellas compatibles entre sí. En este momento se me ocurre una gran pegatina, mi “perfil” follándome o esnifándome al Facebook, o las dos a la vez, creo que tiene esa aplicación.

Para finalizar realmente no se me ocurre de qué manera hacer de este texto, que no parezca unas cuantas líneas de despotrique desmesurado y sin sentido contra el libro de nuestra cara, o contra nuestro libro en nuestra propia cara. Ya sé, recurriré a algo que es tan antiguo como bonito. Quiero hacer un llamamiento sin dar la cara, y tras hablar de mi libro, a un buen uso del Facebook, (creo haber citado anteriormente la preferencia de mis odios en torno al tema),  establezcamos un día, no hace falta que sea algo a tratar con el resto por medio del chat. Simplemente que cada cual valore que día es. Un solo día de uso del Facebook.  Habrá para quien es bisemanal, semanal, cada 5 días, como es algo personal cada usuarix sabrá si se miente a si mismx, y así lo podrá discutir con su conciencia.

Asociación del juego de las canicas por un mundo mejor.

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